La vulnerabilidad de
los peatones es un hecho sabido. En un choque entre un vehículo, aún el más
liviano, y un peatón, este último es el que, con mayor probabilidad, se llevará
la peor parte. Sin embargo, todos somos peatones y al serlo desde pequeños,
como parte de un proceso natural de nuestro andar y movernos en el mundo, se
nos olvida que convivir con la motorización creciente de nuestra sociedad
representa un desafío, que no por cotidiano resulta inocuo.
Es importante pensar en los
comportamientos destacados como riesgosos, en qué consiste el riesgo y cuál es
el comportamiento seguro. Y reflexionar acerca de lo que nos motiva a
arriesgarnos cada día y sobre la conveniencia de cambiar comportamientos de
riesgo por otros seguros.
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